y su hermano, Juan, crecieron en un hogar donde el
ejemplo del trabajo duro estaba a la orden del día.
La educación que recibió también fue clave.
Celina Sotomayor, la madre de Sonia y Juan, tenía la
única enciclopedia que había en el barrio, y ahorró
para poder pagar los estudios de sus hijos en una
escuela católica privada, el colegio Cardinal Spellman
High School, reconocido por su excelencia académica.
Los amigos de adolescencia de Sonia, que residían
en el mismo edificio de vivienda pública en el Bronx
donde vivían ella y su familia, componían una variada
mezcla de inmigrantes. Era habitual que se reunieran
en la cocina de la casa de Sonia no sólo a hacer las
tareas y a debatir temas de actualidad, como la guerra
de Vietnam, sino a contar chismes de la escuela y a
comer las deliciosas chuletas de cerdo que preparaba
doña Celina. En aquellas reuniones, Sonia ya mostraba
cualidades de líder; ya se sabía que iba a ser abogada o
política. Desde sus años de secundaria, su excelencia
en los estudios la hacía resaltar sobre los demás.
Cuando ingresó a la Universidad de Princeton,
sin embargo, Sonia se encontró con otra realidad.
Era una de las pocas personas de origen latino y una
de las pocas mujeres en el campus. Era el año de
1972 y algunos estudiantes de la universidad incluso
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Ileana Ros-Lehtinen
- Política
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