Don Quijote de la Mancha I

Miguel de Cervantes 15 todo, empezaron a tirar piedras a don Quijote que daba grandes voces contra ellos. El ventero, con sus buenas palabras, paró la lluvia de piedras sobre nuestro caballero. Después de sacar del patio a los heridos, don Quijote volvió a velar sus armas. Estaba tan tranquilo como al principio. Pero el ventero quería terminar enseguida con todo aquello. Pi- dió perdón a don Quijote, le explicó que no era necesario velar más tiempo las armas y que ya podía ser armado caballero. Entonces, el ventero acompañado por las dos mozas se acercó a nuestro hidalgo. Luego, le mandó ponerse de rodillas. Levantó la mano y le dio pri- mero un buen golpe sobre el cuello y después otro en la espalda. –Que Dios le dé mucha suerte, caballero –dijo una de las mozas mientras le colocaba la espada a don Quijote. Don Quijote le preguntó que cómo se llamaba. –Me llamo la Tolosa y soy de Toledo –respondió esta. Nuestro caballero le dijo que desde ese día se llamaba doña To- losa. Luego, le preguntó su nombre a la otra dama. Se llamaba la Molinera y era de Antequera. –Desde ahora te llamas doña Molinera –dijo don Quijote. Después de la ceremonia 48 , don Quijote se subió a Rocinante y le dio las gracias al ventero. Este también se despidió de don Quijo- te y sin pedirle dinero, le dejó marchar.

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