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ran con sus temibles uñas. Ahora los llevaban a su aldea.
Harían una deliciosa sopa, con los pequeños; unas canas-
tas, con el papá y el tío; y un charango, con el abuelo.
Cuando les sugirieron que dejaran a los armadillos en
libertad, los hombres se rieron pensando que era un chis-
te. Cuando el papá insistió diciendo que se encontraban
en los linderos de un parque nacional donde los animales
estaban protegidos, se molestaron y la situación se habría
puesto muy difícil si no hubiera sido porque el tío arma-
dillo se zafó de sus ataduras y empezó a atacar ferozmente
a los hombres de la canoa. En medio de la confusión, el
niño desató a los pequeños armadillos y —al fin— todos
terminaron en el agua flotando exactamente igual a como lo
había hecho antes Tatú. El niño y su papá fueron en busca
del otro armadillo, para llevarlo a que se uniera al grupo.
—Pobrecito, ni siquiera pone resistencia cuando lo
cargamos —dijo el niño con pena—. En verdad parece un
poquito enfermo, ¿no?
Pero no sabían que Tatú estaba feliz de ir con ellos
donde fuera.
Los armadillos ya estaban saliendo del agua cuando
llegaron. A pesar de la hostilidad que demostraban los
animales, el hombre y el niño los obligaron a marcharse
en dirección de la zona protegida, tocándolos suavemente
con unas ramas. Tatú no comprendía por qué el abuelo,
su padre y el tío demostraban tanta desconfianza hacia el
LITERARY TEXT
UN DÍA MÁS Y OTRAS HISTORIAS