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le había enseñado para flotar y se puso a aspirar rápida-
mente el aire hasta llenar con él su barriguita. Inmediata-
mente se lanzó al agua esperanzado de poder flotar. Y así
fue. Tatú flotó sin problemas como una lancha de juguete
hasta la otra orilla.
Llegó hasta un claro del bosque y, de pronto, unos
ruidos lo obligaron a esconderse entre unos matorrales. Al
principio creyó que era el temible jaguar, pero se trataba
de un extraño que, agachado sobre un montón de leña,
soplaba hasta que aparecieron unas lenguas anaranja-
das. ¡Era fuego! El poderoso fuego que todos los animales
temen y respetan. ¿Quién sino el Gran Espíritu podía
tener el secreto del fuego? Este pensamiento sorprendió
tanto a Tatú que dio un tremendo salto en el aire y fue a
caer justo al lado de un hombre que se asustó aún más
que el armadillo gigante.
—¡Hey, qué es esto! —gritó el hombre.
Tatú casi no osaba respirar. Estaba seguro de que se
encontraba delante del mismísimo Gran Espíritu y lamenta-
ba que el resto de su familia no estuviera allí, especialmente
el abuelo, puesto que era una magnífica oportunidad para
preguntarle qué camino tomar. ¿Qué diría su familia cuando
le contara de este maravilloso encuentro? Y además... allí
se encontraba otro de ellos, pero más chiquito. ¡Un Gran
Espíritu Pequeño! Pensó Tatú maravillado. Quizás con él sí
se atrevería a hablar con más confianza.
LITERARY TEXT
UN DÍA MÁS Y OTRAS HISTORIAS